Cuba y Vietnam tienen mucho en común. Una de esas líneas de unidad es la bravura con que defendemos la libertad. Bohemia repasa hitos
“Vietnam, uno solo en el coraje y en el optimismo revolucionario, educa con su sola existencia…”. Esta sentencia dicha en 1969 por Raúl Valdés Vivó en su testimonio Embajada en la Selva y antes: Paralelo 17, parece no tener fecha de caducidad. Si bien la nación indochina superó grandes batallas militares e ideológicas, venciéndolas, hoy en día libra las cotidianas en espacios tan disimiles como el económico o las relaciones internacionales.

Los días 25 y 26 de septiembre de 2024, llegará a La Habana el Presidente vietnamita y también Secretario General del Partido Comunista de Vietnam (PCV), To Lam. A propósito de este suceso, Bohemia quiere refrescar la memoria sobre la valentía del pueblo hermano. Me auxilio de los muchos relatos salidos de la prosa y versos de mi padre, quién además de haber sido el único embajador del mundo en la selva vietnamita, fue testigo de excepción del viaje de Fidel Castro Ruz al frente sur en plena guerra, librada contra la injerencia estadounidense.
Desde entonces, mi aproximación tiene mucho de emoción, la cual no es privativa de esta comentarista, pues cubanas y cubanos hemos crecido con los ecos de un José Martí admirado. Luego, Fidel y Raúl multiplicaron el respeto y cariño en acciones concretas hacia un país en apariencia frágil. Esa percepción occidental se vino abajo cuando los soldados estadounidenses eran hechos prisioneros por personas de menor tamaño aunque, eso sí, superiores en coraje y dignidad.

Icónicas son las imágenes del “ejército de pelo largo”, esa fuerza guerrillera, cuyas mujeres tendían trampas al enemigo, aprovechándose de sus conocimientos del terreno local. Un hito de propaganda revolucionaria es la fotografía de Nguyen Thi Kim Lai, casi adolescente, con 17 años, cerca de 1,47 metros de estatura y 37 kilogramos de peso. Fusil en ristre, custodia a William Andrew Robinson, piloto de helicóptero derribado el 20 de septiembre de 1965 en la provincia vietnamita de Ha Tinh. Impacta la desventaja física: ella menuda, él de más de 2 metros de estatura y 125 kilogramos de peso. Alrededor del mundo se difundia un “imposible”, parte militar tras parte militar daban cuenta de las numerosas bajas yanquis, cifradas en 60 mil soldados muertos y un número indeterminados de heridos, mutilados o desaparecidos. La intervención culminó en fracaso el 30 de abril de 1975 con un costo para la potencia extranjera de más de 150 000 millones de dólares. Mientras, el pueblo vietnamita sufrió numerosas atrocidades, como el lanzamiento de siete millones 600 000 toneladas de bombas, tres veces y media más que durante la II Guerra Mundial, pero ganaron.
¿Cómo es posible? Se preguntó el planeta entero. Una única respuesta: El sentido patrio conminaba a la victoria. El destino de un país estaba en juego. La Humanidad habría sufrido una inmensa derrota moral, si el invasor hubiera ganado. Sin embargo, en 1965 los Estados Unidos deciden enviar los primeros contingentes para apuntalar a un régimen dictatorial en el sur del país. Ese fue el pretexto. Los objetivos fueron otros: instalar un gobierno norteamericano en Vietnam e influir en la región, tan próxima a China y en plena efervescencia soberanista; codicia por las materias primas; y el mantenimiento de una zona de influencia en el marco de la guerra fría. Washington, su servicio de inteligencia y el Pentágono pensaron sería “pan comido”: entrar y vencer. ¡Cuánto desconocimiento de la Historia!
Otras páginas gloriosas

La Tierra de los anamitas es pródiga en intrepidez, con amplia serie de triunfos a lo largo de su heroica lucha de liberación nacional. Tal como nos lo recuerda un documento facilitado por la embajada vietnamita en Cuba, “Vietnam, un país ubicado en el sudeste asiático, destaca no solo por sus hermosos paisajes naturales, sino también por una historia llena de heroísmo y resiliencia en el proceso de lucha por la independencia y la defensa de la nación. A lo largo de miles de años de historia, el pueblo vietnamita ha experimentado innumerables altibajos, resistiendo a invasores de muchas direcciones”. Como elementos de fortaleza enumera cuestiones esenciales: espíritu de lucha, patriotismo y unidad.
Asimismo, se listan varios episodios trascendentales. Acá algunos: Durante el siglo XIII, Dai Viet (nombre de la nación entonces), bajo el liderazgo de la dinastía Tran logró una de las mayores hazañas de la historia al derrotar tres veces al ejército mongol, el más poderoso del mundo en ese momento. Por ejemplo, la batalla de Bach Dang, está considerada la mayor acometida naval en la historia de Vietnam, propiciatoria del descalabro mongol. Se basó en una ingeniosa emboscada para la cual se colocaron estacas de madera en el lecho del río, con longitudes de entre 1,5 y 2,5 metros y diámetros de aproximadamente 18 a 28 centímetros. Sobre las estacas se colocaron hierbas para camuflarlas. Los navíos enemigos chocaron, se rompieron o hundieron, lo cual permitió que los lugareños, emboscados en ambas orillas atacaran desde la retaguardia a la flota enemiga. En la actualidad hay en Bạch Dang Giang un sitio histórico en veneración del suceso.
Así es por toda la nación indochina: lugares que rezuman la pericia de un pueblo presto a tomar las armas al sentir amenazado su suelo. Sus hijas e hijos se han curtido bajo tales fuegos. Sus dirigentes beben de esas fuentes.
Es preciso también hablar de la resistencia vietnamita contra el colonialismo francés (1858 – 1954), o constatar el profundo sentido táctico y estratégico de Ho Chi Minh, cuando fundó en 1930 el PCV, giro decisivo en el movimiento revolucionario vietnamita, desembocando (1945) en la “Revolución de Agosto”, la cual marcó el colapso del dominio colonial y feudal con la proclama de Independencia y la fundación de la República Democrática de Vietnam.

Más acá en el tiempo, se alza la ya mencionada resistencia contra los Estados Unidos por la salvación nacional (1954- 1975). Después de la retirada de las tropas coloniales francesas, Vietnam quedó temporalmente dividido en dos regiones a lo largo del paralelo 17: en el Norte lideraban los comunistas y en la otra mitad imperaba el entreguista régimen de la República de Vietnam, apoyado por los yanquis. Vendría el sacrificio, el tesón: el norte vietnamita se convirtió en una sólida retaguardia, proporcionando recursos humanos y materiales a sus hermanos del sur, de donde surgieron las temidas guerrillas femeninas y todo el Frente Nacional de Liberación (FNL).
Imposible olvidar la llamada Ofensiva del Tet (1968), fabuloso golpe para los Estados Unidos y la psiquis occidental, acostumbrada a mandar. Este empuje cambió el curso de la guerra y obligó al “poderoso” yanqui a sentarse en París a la mesa de negociaciones. Y así sucesivamente.
Lazos
Mucho más pudiera evocarse. Es esta nota apenas una pincelada de las miles anécdotas. La Cuba mambisa y rebelde respira esas leyendas lejanas y sopesa iguales aires de libertad. Martí lo supo ver, Raúl y Fidel, también. Hoy, cuando tendremos un nuevo intercambio al más alto nivel, nuestras dos naciones al juntarse reverenciarán, en cierto modo, las inolvidables proezas.



























2 comentarios
Es cierto. Vietnam y Cuba se inspiran mutuamente en sus respectivos y excepcionales ejemplos de heroísmo. Fidel lo dijo para siempre: por Vietnam hasta nuestra propia sangre. Y los bravos y laboriosos hijos de la legendaria patria de los anamitas lo dan todo, y cuando más se necesita, en apoyo solidario a la resistencia y lucha de sus hermanos cubanos. Esta visita del nuevo líder del partido y la nación vietnamita será otra
oportudidad para el fraterno abrazo, el agradecimiento profundo y compartir nuevos objetivos comunes.
Muy buen artículo. La autora hace precisiones históricas y pone ejemplos del extraordinario valor y sentido patriótico del pueblo de Vietnam, el pueblo que más quiere a los cubanos.