
Un 12 de octubre, pero 529 años atrás, los aborígenes caribeños de la pequeña isla Guanahani –nombrada San Salvador por el almirante Cristóbal Colón– descubrieron las primeras naves y hombres de otra civilización. Algunos historiadores calificaron la aventura de Colón como “el descubrimiento de América”. Sin embargo, las evidencias apuntan hacia otra diana.
La lógica común nos dice en primera instancia que, puesto que ya existían pobladores cuando llegaron los tripulantes de la Niña, la Pinta y la Santa María, otros grupos humanos habían “descubierto” este continente hacía ya mucho tiempo y habían creado una civilización aparte; quizás algunos desaparecieron como los vikingos “americanos”.
La arqueóloga Sarah Parcak, de la Universidad de Alabama, Estados Unidos, utilizó la tecnología satelital para hallar con imágenes infrarrojas el sitio de Point Rosee en la isla canadiense de Terranova, en la costa noreste de Norteamérica, el cual demuestra que los vikingos viajaron por esos terrenos mucho más lejos de lo que se creía hasta ahora, unos 500 kilómetros más al suroeste.
Los investigadores descubrieron los restos de varios edificios, además de clavos de hierro y otros objetos de unos mil años de antigüedad, es decir, unos quinientos años antes del viaje de Cristóbal Colón a América, según un artículo de Parkac divulgado por National Geographics en 2016. Pero… ¿podrían haber llegado más al sur?
Una expedición franco-peruana de siete personas se internó en 1979 en la selva del departamento de Madre de Dios, al sureste de Lima, Perú, en busca de una supuesta tribu de gigantes de más de dos metros, tras hallarse huellas en el terreno de más de cincuenta centímetros de largo, reportó la agencia de noticias EFE en agosto de ese año. Sin embargo, la mencionada expedición no encontró nada concluyente al respecto.

La existencia de los audaces navegantes de la Antigüedad en latitudes más bajas fue promovida por el antropólogo argentino-francés, Jacques de Mahieu, quien refiere que los vikingos llegaron a América del Norte –ya probado por Sarah Parcak–, y luego descendieron hasta Yucatán y de allí pasaron a América del Sur –algo aún no confirmado–. Los barbudos dioses blancos, Queztalcoatl y Viracocha, de México y Perú, respectivamente, podrían ser una idealización esos vikingos. Según Mahieu, los hombres del norte navegaron también hasta la selva amazónica, algo menos probable todavía.
Siempre de acuerdo con esa versión y de otros autores como Pierre Carnac, escritor francés de origen rumano, los vikingos se convirtieron en reyes de la enigmática civilización de Tiahuanaco, en el altiplano peruano-boliviano, y emperadores incas hasta que fueron expulsados y exterminados. No obstante, nada de lo descrito por Mahieu o Carnac está probado por la ciencia y queda en el rango de las posibilidades. Lo que sí está demostrado por evidencias arqueológicas es que los nórdicos mantuvieron relaciones comerciales con los nativos de la zona.
Investigaciones paleontológicas reseñadas por el periodista catalán Jordi Carreño Crispín, la entrada del Homo Sapiens-Sapiens –el hombre actual– al continente americano ocurrió hace unos 15 000 años atrás, después de atravesar el estrecho de Behring, en el Círculo Ártico, recorrer la parte oeste de América del Norte, adentrarse luego en la región central americana para finalmente extenderse por el sur hasta Chile.
Aun así, las fechas de este evento parecen oscilar acorde con nuevas evidencias. En la parte meridional chilena, se localizó en 1977 una gran extensión de tierra denominada Monte Verde, donde se hallaron objetos con una antigüedad cercana a los 15 000 años antes de nuestra era (a.n.e.). El arqueólogo y antropólogo estadounidense Tom Dillehay, junto con un equipo científico de la Universidad Austral de Chile, encontraron allí objetos de caza, elementos arquitectónicos, trozos de carne y cuero animal, plantas medicinales y exóticas, papas silvestres, algas, huesos de animales, cordeles, varios fogones, hoyos, braseros y hasta una pisada humana, según un reporte de la periodista Natalia Messer aparecido en 2016 para el sitio BBC Mundo.
El sitio arqueológico era tan extenso que lo dividieron en dos partes para su mejor estudio: Monte Verde Uno y Monte Verde Dos. En el primero, encontraron restos con una data estimada de ¡33 000 años!, lo cual sacudió –literalmente– a la comunidad científica, que al final no admitió esa cifra. En Monte Verde Dos, la antigüedad detectada fue de 14 800 años, más aceptada por los especialistas. Excavaciones realizadas en 2013, con mayores adelantos tecnológicos de búsqueda, revelaron que el lugar podría haber sido ocupado por humanos desde hace 18 500 años, una fecha inesperada hasta para los más avezados.
Se tenía entendido que los primeros pobladores de América eran pertenecientes a un pueblo denominado Clovis, habitantes cuya presencia se detectó primariamente en Nuevo México, Estados Unidos, con un estimado de 11 200 años de antigüedad; ahora los hallazgos de Monte Verde echan abajo tales suposiciones y deja abierta a la imaginación la siguiente pregunta: ¿quiénes fueron, en realidad, los primeros pobladores de América? Estudios recientes revelan que, con alta probabilidad, los primeros pobladores de América descienden de tribus que se asentaron originalmente en Alaska.
De regreso a 1492

Si en la actualidad existen dudas sobre quiénes fueron los habitantes más primitivos de América, en 1492, cuando Cristóbal Colón logró que aceptaran su viaje a “la nada”, las interrogantes giraban en torno a si eran ciertos los rumores sobre otras tierras allende el océano conocido.
Los que piensan que Colón se lanzó a una aventura a tontas y a locas debieran pensarlo dos veces. Además de beber en relatos y mapas de expertos marinos portugueses, quienes alegaron ver tierras más allá del horizonte europeo, el Gran Almirante se hizo de una herramienta insólita, aún para nuestros tiempos; de acuerdo con el cartógrafo de esa época Piri Reis aquel realizó su viaje a través del Atlántico guiado por un libro que databa de la época de Alejandro Magno (siglo IV a.n.e.) que describía nuevas tierras y las costumbres de quienes la habitaban. Piri Reis, probablemente basado en el citado libro alejandrino, dibujó un mapa en 1513 donde aparecían trazos de la parte más meridional de América, que en ese tiempo no se habían descubierto aún, así como la descripción exacta de animales en su hábitat nunca vistos en Europa.
Todavía más: en el mapa de Reis se observa el dibujo preciso de la Antártida, que aparece perfectamente delimitada y ¡desprovista de hielo! Se puede ver el perfil de la costa con el mismo contorno que tiene en la actualidad bajo los glaciales. Se calcula que la última vez que este continente estuvo libre de hielo fue hace más de cuatro mil años. Debe precisarse que la Antártida fue avistada por primera vez de manera oficial en 1820 por los exploradores Fabian Gottlieb von Bellingshausen y Mijaíl Lázarev. Entonces, ¿quién describió estos parajes tan lejanos de Europa y con tanta precisión? ¿Alguien que estuvo en el Polo Sur hace ¡más de cuatro mil años!? ¿En qué tipo de embarcación y con cuáles instrumentos de observación?
Otro estremecimiento científico

El descubrimiento del centro religioso de Göbekli Tepe, en Turquía, fue otro encontronazo con ideas preconcebidas sobre la historia de las civilizaciones.
El arqueólogo alemán Klaus Schmidt dirigió las excavaciones de Göbekli Tepe desde 1996 hasta su fallecimiento en 2014. Según datos aportados por el científico germano, en lo alto de una colina se ubican anillos de monolitos en forma de T de más de siete toneladas, una capa sobre otra. El sitio es tan masivo que se estima que en la actualidad solo se ha excavado el cinco por ciento del lugar.
Según Schmidt, este monumento se erigió con el propósito de servir de centro religioso y en estos momentos se considera la primera “catedral” erigida por la humanidad, con una fecha estimada de construcción alrededor del año 9 000 a.n.e. Para que el lector se haga una idea de su antigüedad, solo señalemos que es 6 500 años más vieja que las Grandes Pirámides egipcias.
Otros dos investigadores Martin Sweatman y Dimitrios Tsikritsis se sumaron posteriormente al estudio de la catedral turca.
Ellos proponen que los pilares de Göbekli Tepe están decorados con animales y otras figuras no solo por motivos estéticos, sino con la finalidad de transmitir un mensaje de los cambios que pudieran ocurrir a través de los milenios. En el foso 43 de la edificación, Sweatman y Tsikritsis encontraron la figura de un buitre cuya interpretación astronómica hacía referencia a una constelación. Ahora, el gran sismo que puso en ascuas a la comunidad científica mundial: la posición de los astros que componen esta figura no eran como lo veían los constructores de esta catedral en el año 9 000 a.n.e., sino de ¡la forma en que se veía el cielo nocturno del año 10 950 a.n.e.!
Para llevar a cabo estas observaciones en retrospectiva de casi dos milenios hacen falta conocimientos muy avanzados de matemáticas y física para poder calcular el movimiento de balance de la Tierra que hace variar el segmento de cielo que miramos. Entendámonos: el cielo que vemos cada noche no es el mismo que el de hace dos milenios atrás o el que se verá dentro de otros dos milenios.
Volvamos por un momento a Göbekli Tepe y su foso 43. Como señalamos anteriormente, allí puede observarse el tallado de la figura de un buitre que hace referencia a una constelación que solo pudo verse 10 950 años atrás.
Bien, lector, déjeme decirle que en esa época el planeta aún no había salido de la Edad del Hielo, cuando todavía los habitantes de la Tierra lidiaban para su sustento con mastodontes, mamuts, perezosos y armadillos gigantes, y sus utensilios de caza más sofisticados eran la lanza, y el arco y la flecha.

Todo parece indicar que con cada paletada de tierra extraída en cualquier parte del planeta, el conocimiento de la historia de la humanidad se modifica y se abren nuevos horizontes. Por ejemplo, recientes excavaciones revelan que los enormes monolitos que componen las pirámides de Egipto del valle de Giza fueron traídas a través del río Nilo y no por tierra como se creía en principio. Por vía satélite pudo observarse que el Nilo, milenios atrás, pasaba por Giza y con el tiempo cambió de curso, algo que despistó a los expertos. También se pudo conocer que los que erigieron las tres famosas pirámides del Valle de los Reyes no fueron esclavos, sino personal especializado en construcción, arquitectura y orfebrería.
Antes de concluir, dejo para los asiduos lectores de esta revista el siguiente enigma: todos los faraones egipcios erigieron pirámides, edificaciones, columnas, tumbas y cámaras ocultas repletas de objetos que ostentaban en vida para resaltar su figura aquí y en el más allá. Entonces por qué en la pirámide construida por Keops –la mayor de todas–, los restos de este faraón no aparecen en ninguna de sus cámaras.

























Un comentario
Interesantísimo, Ernesto, lo disfruté. Gracias. Quedo a la expectativa del próximo.