Grandes misterios de la Humanidad (II)

Foto del Olimpo.
Foto del Olimpo. / dibujo confeccionado por Slideplayer.es

Desde tiempos remotos, los seres humanos nos hemos sentido atraídos por los números, cómo estos nos guían a través de un mundo multidiverso y a veces caótico, ofreciendo un anclaje, un asidero fijo a las infinitas variaciones de los procesos de cualquier tipo.

La simple enumeración de años posibilita pautar lo sucedido en la historia de cualquier asunto, incluido los personales. Es básica en la paleontología, la arqueología y especialidades relacionadas. La matemática y geometría aplicadas nos permite construir y/o diseñar puentes, edificaciones, vías férreas, programas de computación y un interminable etcétera. Las estadísticas ayudan a realizar pronósticos cercanos a la realidad de tal modo que podemos adelantarnos con bastante certeza a eventos que aún no han ocurrido.

El transcurrir del tiempo y su medición; las competencias deportivas; los montos de producción y circulación monetarias, las inversiones, todo ello puede llevarse a cabo gracias a la existencia de los números. Gire su pensamiento en cualquier dirección y allí los encontrará.

En los procesos políticos, por lo común, los líderes hacen un llamado a la UNIDAD de todos los factores, es decir, a ser UNO en pensamiento y acción para llevar adelante un proyecto. En el aspecto personal, quisiéramos ser el PRIMERO en todo lo que nos proponemos.

El DOS, por su parte, tiene un significado de lucha de contrarios: el bien y el mal, lo bello y lo feo, lo ético y lo inmoral, la vida y la muerte, el paraíso y el infierno; todo tiene su contraparte, lo cual, conlleva al desbalance si se ignora. Este número es reflejo también de equilibrio natural: en la Naturaleza casi todo se da por pares, extremidades, ojos, brazos, alas, garras, sexos. Los místicos apuntan que el UNO es la soledad e inamovilidad, mientras que el DOS es la entrada hacia el infinito y el movimiento.

El TRES es el resultado del encontronazo entre contrarios, simbolizado por el triángulo equilátero y su vértice. Es el único número igual a la suma de los números anteriores: uno más dos es igual a tres. También es el único número cuya suma del mismo modo es igual a su producto: uno más dos más tres (6) es igual a una vez dos veces tres (6).

Foto de números
Foto de números. / sp.depositphotos.com

Algunas personas son aficionadas al número SIETE y argumentan que son siete las maravillas del mundo antiguo: La Pirámide de Keops, el Templo de Artemisa, los Jardines Colgantes de Babilonia, la Estatua de Zeus, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.

Añaden los seguidores de este dígito, que son siete los pecados capitales: La soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza; también son siete las colinas en cuyo centro se fundó Roma.

Igual guarismo para los misterios del mundo sin respuesta científica: el cráter de Patomsky en Siberia –nadie conoce su origen–; las luces de Hassdalen en Noruega –tres puntos brillantes en forma de triángulo que aparecen inesperadamente en el cielo–; Jack el Destripador –no se ha podido descubrir la identidad de este asesino en serie, el más famoso de la historia–; la Esfinge egipcia –se supone, sin pruebas, que haya sido construida por una civilización más antigua que la faraónica–; Moehau –misteriosa criatura semejante al Yeti u Hombre de las Nieves, cuyos restos fósiles han sido encontrados en Nueva Zelanda–; señal Wow –el 15 de agosto de 1977 se captó en el radiotelescopio de Big Earl, Estados Unidos, una señal del espacio 30 veces más potente de lo normal durante algo más de un minuto; y finalmente, el manuscrito de Voynich –libro ilustrado y manuscrito en un idioma totalmente desconocido, supuestamente confeccionado entre 1404 y 1438. En sus dibujos se pueden ver plantas que solo crecen en América Central, aunque es un texto europeo y el continente americano aún no se había “descubierto” en el período señalado.

Así, desde la antigüedad, los grandes pensadores siempre le han seguido “el rastro” a los números, sus posibles significados y qué reflejan de la realidad circundante. La filosofía de Pitágoras (nacido en Grecia 570 a.n.e. aproximadamente) estaba dominada por la idea de que los números no solo eran símbolos de la realidad, sino también la sustancia final de las cosas reales, teoría conocida como “misticismo numérico”.

De todo este entramado especulativo surgió la Numerología, la cual, supuestamente, mediante los componentes numéricos de tu nombre o la fecha de nacimiento, puede “retratar” tu personalidad o darte consejos sobre tu vida. Digamos que usted nació el 14 de agosto de 1949. Sumemos todos sus números: 14 del día, más 8 del mes, más 1949 del año de nacimiento, lo que es igual a 1971. Esta cifra, a su vez, se suma internamente (1+9+7+1=18); y a 18 se le suma sus dígitos 8+1=9.

De acuerdo con la Numerología, el nueve corresponde a personas altruistas y serviciales y su “misión en la vida radica en conocerse y hacer una introspección personal para luego comprender cómo ayudar al prójimo a avanzar en su camino”. De igual forma, se analizan los datos de nacimiento de cualquier persona y se les reducen a los dígitos del 1 al 9.

Ninguno como el 9

Hasta aquí hemos visto como se tejen ideas y creencias alrededor de diferentes números. Sin embargo, existe uno que se repite a lo largo de la historia y en diferentes civilizaciones.

La Enéada es la antigua denominación griega de la palabra egipcia Pesedyet que significa Los Nueve, usada para denominar al conjunto de nueve dioses que formaban la cosmogonía de Heliópolis, Egipto, creada por los sacerdotes de esa ciudad. En la Enéada se reconocía la existencia de un Consejo de nueve sabios a quienes el faraón debía de consultar: Atum (dios superior que dijo venir de la constelación Sirius); Shu (dios del viento); Tefnut (dios del agua); Geb (dios de la tierra); Nut (dios del cielo); Isis (madre de todos los reyes); Osiris (dios del bien); Shet (dios del mal) y Nephthis (dios de la muerte).

Fotos de dioses egipcios
Fotos de dioses egipcios. / sp.depositphotos.com

La mitología griega nos dice que el omnipotente dios Zeus designó nueve dioses para que influyeran en el destino de los hombres. Estos eran: Afrodita, Apolo, Atenea, Hermes, Efestos, Demeter, Poseidón, Era y el mismo Zeus.

Los etruscos, pueblo antiguo del oeste italiano, creían en nueve dioses que, presuntamente, dirigían el proceder de los hombres.

Etruscos
Etruscos. / La Vanguardia

En la tradición nórdica, son nueve los dioses que sobreviven al Ragnarok o destrucción terrenal.

En el noveno mes del calendario lunar chino, los taoístas efectúan el festival de los Nueve Dioses Emperadores –dura nueve días–, que, acorde con su creencia, vienen de nueve estrellas de la constelación Carro Ocaso.

Aquellos que profesan la religión budista, señalan que uno de los grandes reyes iluminados de la antigua India, Ashoka, conocido como el amado de los dioses, se reunía para obtener sabiduría con “nueve hombres desconocidos”.

En nuestra América, los aztecas adoraban a los Señores de la Noche, que ya usted debe adivinar que también eran nueve.

Finalmente, vivimos en el sistema solar compuesto por nueve planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón (aunque los astrofísicos no quieren admitir a este último como planeta).

Ni usted ni yo somos fanáticos a otorgarle demasiada importancia a la reiteración de un número en eventos diferentes. No obstante, hay algunos como el NUEVE que nos hacen enarcar las cejas.

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