Grandes misterios de la humanidad (III final)

Roca misteriosa de Azuka Park, Japón. / Wikimedia.org

En las Escenas neoyorkinas escritas en 1884, José Martí apuntó: “Los edificios son como las palabras de los pueblos, y sus símbolos. A través de las edades cuentan su espíritu y revelan su historia”.

Nuestro Héroe Nacional tenía toda la razón. Los constantes descubrimientos arqueológicos no dejan de sorprender tanto a la comunidad científica como al ciudadano común y nos hablan de pueblos o civilizaciones desconocidas o perdidas en el tiempo.

En este texto nos centraremos en los más recientes enigmas encontrados en varias construcciones antiguas y qué nos descubren o qué puertas dejan cerradas a la especulación.

Comencemos por un gran misterio sostenido a través de centurias: cómo se la ingeniaron los antiguos egipcios para construir las pirámides del valle de Giza levantadas con dos y medio millones de piedras de más de dos toneladas de peso cada una. La ascensión de esos bloques por rampas alrededor de las pirámides y haladas por miles de esclavos fue la solución más difundida.

Nada de eso, amable lector. Las pirámides fueron edificadas con trabajo calificado de albañiles, constructores y maestros de obra. ¿Cómo subieron y colocaron entonces las gigantescas piedras? Muchas mentes han tratado de resolver el problema. En esas búsquedas se toparon con un extraño manuscrito escrito en el siglo X de nuestra era (d.n.e.) redactado por el historiador árabe Al-Masudi, autor de una enciclopedia en 30 volúmenes sobre sus viajes por el mundo conocido en esa época. En uno de ellos, una sección llamó mucho la atención de los especialistas: “Cómo se construyeron las pirámides de Egipto”.

Según los testimonios recogidos por Al-Masudi, cuando los egipcios querían mover un bloque, golpeaban una varilla de metal contra la piedra y esta levitaba. Después la conducían hacia otro punto mediante otras varillas metálicas que hacían vibrar y así hasta el lugar escogido en la pirámide. En este instante el lector pensará que Al-Masudi es el “inventor”de la ciencia-ficción. Pero continuemos investigando.

Está el caso de los megalitos (grandes bloques de piedra) hallados en Azuka Park, Japón. En ellos aparecen patrones rituales tallados en bajo relieve. El mayor bloque es de granito, pesa siete toneladas y data de 2 500 años. Lo misterioso es que, según los especialistas, aun con equipos muy modernos –máquinas de presión hidráulica con puntas de diamante–, es harto difícil hacer un simple arañazo en su superficie debido a la dureza y lo compacto del granito utilizado. Entonces, ¿con qué herramientas hicieron los tallados en esa época tan lejana y cómo trajeron los bloques hasta allí? No existe un simple indicio esclarecedor.

En Baalbelk, Líbano, se encuentra un templo antiguo erigido a la deidad mixta Baal-Júpiter (Baal, dios cananeo; Júpiter, dios romano). En esa morada con fines religiosos existe un gigantesco bloque –también de granito sólido– de 1 200 toneladas, llamado Piedra del Sur. ¿Qué sucede? Los expertos aseguran que con la tecnología actual apenas se puede levantar ese gran peso y menos acarrearlo hasta donde fue colocado. Más aún, añaden que la Piedra del Sur está cortada en sus extremos de tal manera que quizás ¡con láseres! pudiera llegarse a la perfección lograda por los antiguos constructores.

Más enigmas. Al sur de Siberia se encontró una pared artificial de piedras de granito, algunas de ellas con un peso de ¡más de 3 000 toneladas! Fueron cortadas rigurosamente planas, con ángulos rectos y esquinas terminadas en punta. Se ha señalado que las grúas modernas más potentes no hubieran podido aspirar siquiera a moverlas de su base. ¿Quién lo pudo hacer y cómo?

Si nos dirigimos hacia nuestro continente, los asombros son de igual magnitud. La fortaleza de Sacsayhuamán es una edificación ceremonial ubicada cerca de la ciudad peruana de Cuzco considerada la mayor obra arquitectónica de los incas. Los científicos no llegan a comprender cómo pudieron levantar esta fortaleza con gigantescas piedras de cinco metros de alto y 125 toneladas de peso. Hoy en día, con técnicas y equipos modernos, se hace difícil transportar tamañas rocas y qué decir de levantarlas, argumentan. ¿Sería acaso con sonidos?

Otras asombrosas edificaciones

Las ruinas del templo de Puma Punku, ubicado en la antigua ciudad de Tiahuanaco, y construida en terrenos de lo que hoy se conoce como Bolivia, se encontraron trabajos de construcción que solo podrían realizarse con tecnología sofisticada. Pueden verse allí agujeros en las paredes perfectamente redondeados, piedras derretidas para unirlas con otras, bloques con forma de H que parecen prefabricados con el objetivo de encajar con exactitud unos con otros, así como paneles gigantes de piedra imposibles de hacerlos con instrumentos rudimentarios. Puma Punku, anotan los arqueólogos, parece pertenecer al imperio Tiwanak, una de las civilizaciones más importantes anteriores al Imperio Inca. El problema consiste en que la Tiwanak no era una cultura avanzada: no tenían sistema de escritura e ignoraban la existencia de la rueda.

Bloques en forma de H de Puma Punku. / el-clarín
Bloques en forma de H de Puma Punku. / el-clarín.com

Sin embargo, lo más intrigante de Puma Punku es el trabajo en piedra. Este sitio está revestido con bloques megalíticos cada uno de los cuales pesa varias decenas de toneladas –el mayor es de131 toneladas métricas– y se encuentra situado a casi cuatro kilómetros por encima del nivel del mar. Significa que quien transportaba las rocas al complejo tenía que hacer llegar los bloques hasta esa altura. ¿Cómo? Haga usted su propia hipótesis, amigo lector, porque la ciencia no ha llegado a ninguna.

Por su parte, los científicos han descubierto con el microscopio electrónico que la arenisca roja que compone básicamente los megalitos de Puma Punku, no procede de la región porque contiene elementos como el carbonato de sodio que no se encuentra en la geología local. Habría que buscarlo a miles de kilómetros. ¿Con qué medios podrían haber sido transportados los bloques desde tal lejanía? Incluso, el análisis con microscopio electrónico demuestra que la composición de la piedra arenisca podría ser ¡artificial!

En los años 90 del pasado siglo, el arqueólogo austríaco Arthur Posnansky observó que, durante el primer día de la primavera, el Sol salía directamente sobre el centro de las ruinas de Puma Punku y a través de un arco de piedra. Ponansky conocía muy bien la seriedad con que las civilizaciones incaicas y preincaicas tomaban la cosmovisión del mundo y su interrelación con los fenómenos terrestres: ambas debían de ser armónicas, por lo que los ciclos y su equilibrio eran sagrados. La continuidad de los períodos resultaba fundamental para la armonía: día y noche; vida y muerte; siembra y cosecha.

Con la mira puesta en estos conceptos de continuidad de los ciclos y con meticulosos cálculos predijo que, de acuerdo con el diseño del arco de piedra y como consecuencia de la rotación de la Tierra, el astro rey debería alzarse sobre piedras angulares situadas a ambos lados del mencionado centro durante los solsticios de verano e invierno.

Pirámides de Egipto
Pirámides de Egipto. / Batanga

Sin embargo, cuando esas fechas llegaron, lo pronosticado por el científico austríaco no sucedió. Luego del desconcierto lógico inicial, Posnansky reinició los cálculos astronómicos y descubrió algo sorprendente: el Sol emergiendo por los angulares del arco de piedra de Puma Punku, en los solsticios de verano e invierno, solo pudo haber ocurrido ¡17 000 años atrás! Entonces, ¿quién construyó Puma Punku? Los incas indudablemente no fueron. Los datos más pretéritos de la civilización incaica se remontan al siglo XII d.n.e. Los Tiwanak, como señalamos con anterioridad, no tenían el desarrollo tecnológico suficiente para emprender tamaña obra: eran imprescindibles instrumentos precisos de medición astronómica y herramientas de avanzada tecnología. En Puma Punku no se han encontrado huellas ni de lo uno ni de lo otro.

Regresamos a la idea de levitación sónica

Un controvertido doctor de origen sueco, de quien no está recogido su nombre –se le conoce como doctor Hart–, dijo haber efectuado un periplo por el Tibet en 1930 invitado por un estudiante de ese país que asistía a sus clases en la Universidad de Oxford, Inglaterra.

En sus memorias relata que su anfitrión lo llevó hasta un prado rodeado de altos acantilados. Allí observó que en ese descampado había una losa pulida con una concavidad tallada en medio. Con la ayuda de un buey los aldeanos arrastraron una enorme piedra hasta el centro de la losa. Luego aparecieron varios monjes con 19 instrumentos musicales de diversos tamaños: seis cuernos de tres metros de largo y 13 tambores de diferentes tamaños. El más pequeño con sonidos muy agudos.

Monjes tibetanos ejecutando instrumentos levíticos
Monjes tibetanos ejecutando instrumentos levíticos. / Facebook.com

Algunos sacerdotes budistas, situados a 63 metros de la piedra, comenzaron a ejecutar sus instrumentos mientras el resto entonó un himno religioso que aumentaba de ritmo continuamente hasta que, a los cuatro minutos, el bloque empezó a balancearse; después se elevó; se dirigió con cierta velocidad hasta la pared en construcción –la cual ya tenía unos 250 metros de altitud– y a los tres minutos descendió encima de ella. Otras lajas recibieron el mismo tratamiento.

La ciencia moderna asegura que existen posibilidades reales de poder transportar objetos por el aire mediante lo que llaman levitación acústica. Este proceso ocurre cuando cierto tipo de ondas sonoras se proyectan paralelas a la fuerza de la gravedad. Esas emisiones deben rebotar en una superficie cóncava donde interactúan con la gravedad interfiriéndola. En ese choque se crea una onda de sonido estacionaria, es decir, no prosigue su curso sino que se queda en el lugar vibrando. Su efecto inmediato es la levitación de aquello que se encuentre en el área de encuentro entre la onda acústica y la gravedad.

Levitación acústica lograda en laboratorio.
Levitación acústica lograda en laboratorio. / vix.com

Ahora bien. Los científicos subrayan lo siguiente: todo el paquete tecnológico debe estar calibrado al milímetro: tonalidad y volumen adecuados de sonido; distancia desde donde se emite, el ta-maño de la superficie reflectora de las ondas, entre otros parámetros. Cómo los antiguos lograron esa precisión todavía está oculto a los ojos de la ciencia contemporánea. No obstante, ahí no termina todo el acertijo: Solo en el reciente 2013, el ingeniero mecánico Dimos Poulikakos, del Instituto Federal de Tecnología de Suiza, con un equipo de levitación ideado por él en forma de tablero de ajedrez –cada cuadro emitía un sonido determinado–, pudo hacer girar en el aire ¡un palillo de dientes!

Estimo que tanto los antiguos pobladores de Egipto, así como los mayas, incas, tibetanos y cananeos, brindarían a este experimento de Poulikakos, a lo sumo, una sonrisa complaciente y algo burlona.

 

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