Filmes, documentales y animados de Cuba y Latinoamérica protagonizan la Novena Edición del Festival de Cine de Verano que repercute en el medio televisual donde, sobre todo en Cubavisión, se estrenan cuentos y telefilmes esperados por los públicos
“Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”, dijo un campesino andaluz, analfabeto, a Juan de Mairena, personaje recreado en prosa por el poeta español Antonio Machado (1875-1939). Dicho apócrifo –el yo filosófico del notable escritor- define la esencia del ecosistema comunicativo en el siglo XXI, donde urge la inteligencia lectora. De ningún modo hay verdades absolutas, sino conocimientos que se construyen durante un dinámico proceso. Este ocurre en el intelecto individual y durante intercambios de ideas, puntos de vista y vivencias entre las personas.
La novena edición del Festival de Cine de Verano propicia en el país redescubrir puestas cinematográficas y audiovisuales de amplia presencia en la TV donde varios programas cultivan sentidos eclécticos e integradores sobre contenidos, estéticas y manifestaciones artísticas.
De alguna manera ambos medios e instituciones remiten al concepto de nuestro José Martí en La Edad de Oro; pues, él, artista, político y editor cultiva la misma idea: educar a través del arte para despertar en los niños la pasión por el conocimiento. Quizás poco se piensa o no como lo merece en la utilidad en ese documento clásico relevante en la narrativa de idioma español y su repercusión en adultos, pues no hay límites de edades.
Una serie de temas y asuntos decisivos en la formación ética de las nuevas generaciones se prodigan en relatos que remiten a fuentes históricas, documentos de archivos, testimonios; desde ángulos diversos Martí cuenta la historia de la humanidad sin renunciar a imágenes poéticas, metáforas y elipsis.
Dicha coincidencia -¿consciente o inconsciente?- explicita en las programaciones veraniegas esencias conocidas; somos un caldo en constante ebullición. Lo nutren la academia, lo popular, lo local y lo universal. La sociedad no puede ser pensada fuera de la comunicación. Cada vez son más necesarias las estrategias en el cine y la televisión que revelen valores, contribuyan al desarrollo del léxico, el pensar y aporten a las raíces profundas de la identidad.
Hacer memoria es necesario e impostergable. Armados de seducciones premeditadas disfrutamos el reestreno de Capablanca, del director Manuel Herrera, y una nueva copia digital de Vampiros en La Habana, dirigida por Juan Padrón; pueden apreciarla espectadores en 189 cines del territorio nacional.
Ambos filmes, realizados por artistas reconocidos con el Premio Nacional de Cine, visibilizan sintaxis particulares. Al provocar lecturas nada apacibles, esos creadores ilustran el dominio de la Ley del relato, enunciada por Italo Calvino. En ella se defienden imágenes acústicas y plásticas donde el tiempo narrativo se detiene, fluye y avanza, dando infinitud al encantamiento pensado por los directores.
Al volver a verlas, se originan confluencias de emociones, redescubrimientos y saberes nunca agotados.
El devenir de conflictos recurrentes, diarios en cualquier hogar, remiten a no olvidar la exquisitez narrativa, dura y provocadora de la película La mujer salvaje del director Alan González. Por razonamientos en profundidad y estéticas fue seleccionada recientemente el mejor filme en el Baarìa Film Festival de Sicilia, Italia. ¿Por qué la obra sabe dialogar aquí y allá, y hace discernir al ser humano ante lo sombrío? ¿Cómo activa la felicidad, el entendimiento entre padres e hijos, la novedad de decir con arte al despertar conciencias y almas?
Interroga el alma y la conciencia La mujer salvaje. Nunca puede dormir el pensamiento crítico, advierten Gonzáles y su equipo creativo. Dejan insomnes y siembran inquietudes en todos los tiempos, lugares y naciones. De ahí su permanencia en el interés de las mayorías.
Otras perspectivas establecen los documentales La vida es un sueño, de la máster Arlety Veneus, quien cuenta en la obra sobre Arsenio Rodríguez; y Maisinicú, medio siglo después, de Michel Lobaina. Ambas participan en la Primera muestra audiovisual militante de Venezuela, en Caracas. Las voces autorales de los realizadores hablan a Latinoamérica sobre nosotros mismos y ese sentido de amplitud rompe fronteras, distancias y olvidos.
Durante el verano, los afanes de aprendizajes perpetuos cobran riendas sueltas en la TV. Cubavisión, el Canal de todos los públicos, incorpora cuentos y telefilmes –merecen críticas culturales particulares y reflexivas-, entregan posibilidades expresivas ampliando certezas de espacios discursivos. ¿Todos logran tonos, rigor en las estructuras dramatúrgicas y en la casi siempre pospuesta dirección actoral? Ninguna obra es similar a otra. Guionistas y directores plantean abanicos de posibilidades, exigen análisis que realizaremos en el futuro inmediato.
José Martí, afirmó: “Patria es humanidad”. Su dimensión convoca en el quehacer de quienes promueven en filmes, documentales y animados el lenguaje de género, las necesidades de mostrar desigualdades, utopías y sueños. propósito del arte no es solo crear la vida del espíritu humano, sino transmitirlo externamente en forma artística.
Son estratégicos los nexos entre el cine y la televisión. Los antiguos griegos desconocían el término crear, les bastaba con hacer. Es una máxima urgente en beneficio de la virtud de educar para la vida. Lo apunta magistralmente Antonio Machado: “nuestras horas son minutos / cuando esperamos saber / y siglos cuando sabemos/ lo que se puede aprender.”
Pensémoslo, el camino se hace al andar.























