Foto. / habanaradio.cu
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“Lo principal es llegar al pueblo”

Imaginativo, locuaz, creativo, su huella será imperecedera. Nunca lo despediremos con el adiós definitivo. Asumió personajes difíciles. Cada uno exigió de él consagración, disciplina, estudios. Ir a las esencias de vidas, contextos, almas, requirió encontrar la voz precisa, el tono adecuado, sin altisonancias ni distracciones.

En una oportunidad el primer actor Mario Balmaseda comentó en una exclusiva concedida a BOHEMIA: “Para mí lo principal es llegar al pueblo. Entrego vida y pasiones en el escenario o el set. Nunca olvido el gesto adecuado, el bocadillo oportuno, lo que implica llegar a tantos seres humanos diferentes”.

Sensible, culto, ha sido el primer cubano en obtener tres premios nacionales: los de Televisión, Teatro y Cine. En estos medios nos dejó más de 50 años dedicados al arte.

Los aprendizajes, la preparación consciente en la academia militar, en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana, contribuyeron al enriquecimiento de su vida actoral, que desarrolló primero en el circo Santos y Artigas, luego en el teatro Martí donde su madre era declamadora. Siguió cultivando el afán de superación en las Brigadas de Teatro, los talleres de dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba y en la República Democrática Alemana como parte del Berliner Ensemble, grupo fundado por Bertolt Brecht.

Lo distinguieron actuaciones memorables. / fotosdlahabana.com

Siempre dedicado al crecimiento profesional reconoció la importancia de prepararse: “Nunca me siento confiado. Siempre hay algo nuevo que incorporar al intelecto, a la espiritualidad. Le digo a los jóvenes: no piensen que han llegado, el acto de comenzar alimenta los deseos de ser cada día mejores”.

De esto dio fe en programas televisivos de arraigo popular, entre ellos En silencio ha tenido que ser, Un bolero para Eduardo, La gran rebelión. También en el cine dejó su impronta en El brigadista, Se permuta, La primera carga al machete y, especialmente, resplandeció en Baraguá con la caracterización de Antonio Maceo.

En el teatro asumió disímiles roles, en los de Lenin y Andoba logró dos actuaciones magistrales que denotaron el inmenso talento de un creador integral.

Nunca dejó de estudiar y prepararse con responsabilidad. / Archivo de Bohemia/Temis

Disfrutaba la investigación, mantuvo la curiosidad despierta para desentrañar la riqueza de obras y relatos que le aportaron valores a su existencia. “La actuación requiere ser uno mismo, diferente, ir a las raíces de procesos históricos, sociales, culturales. Guardo en la memoria ese arsenal de gran significación”.

Sin duda supo aunar la brillantez técnica junto al equilibrio estético, el sentido artístico. Amó a su patria, le demostró fidelidad, sentido del deber, se sintió cubano de corazón, lo patentizó en conversaciones en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y mediante un quehacer que lo acreditó como maestro querido por varias generaciones.

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