
Un malévolo hechizo, una profecía que se cumple tras riesgosos incidentes, innumerables sorpresas, personajes y sentimientos son los ingredientes de una historia cuyo saldo es el triunfo eterno del bien sobre el mal.
Lo más interesante del volumen es el proceso vívido de experiencias que vuelven cómplices a lectores de diferentes generaciones. El coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orlando Cardoso Villavicencio (Camagüey, 1957) sabe inmiscuirnos en el relato que encierra más de un secreto. Este propone un sentido oculto, el cual depende de una narración contada de modo enigmático. La propia estrategia del cuento está puesta al servicio de códigos cifrados. Desentrañarlos requiere estar atentos a palabras y acciones de fuerte carga emotiva.

El reino embrujado (Casa Editorial Verde Olivo), título presente en la edición 30 de la Feria Internacional del Libro de La Habana, diseña un dilema como cualquier otro de la existencia cotidiana: ante los obstáculos, muchas veces impredecibles, qué nos hace más valerosos, qué alienta a seguir en la batalla aun cuando todo parece cerrarse a nuestro paso, similar a lo que ocurre en un bosque encantado.
Ciertamente lideran en la ficción el canto al amor y la solidaridad, a la esperanza y el valor. Significativas maneras de decir dan fe del camino elegido:
“-Señor, no le temo a nada ni a nadie, por encontrar a mi hermano y a los padres de Andresito, estoy dispuesto a todo.
-No me queda la menor duda de eso.
-Ahora bien, no estoy dispuesto a entregar mi destino a especulaciones aventureras que nada tienen que ver conmigo… Le repito, no le temo a nadie –insistió Leonardo. Si encontrar a nuestros familiares me conduce al enfrentamiento con la maldad, puede usted creer que lo asumiré, sea donde sea, sin miedo a las consecuencias.”
Tal resolución signa una verdad: los relatos pueden enfrentarnos a la incomprensión, al carácter inexorable del fin, pero también acercarnos a la felicidad y la luz de las pasiones personales.
Sin duda, el autor es consciente de propósitos esenciales: la literatura recrea la ilusión de un final sorprendente, el cual parece llegar cuando nadie lo espera, para cortar el circuito infinito de la narración, sin embargo ya existe, invisible, en el corazón de cierto meandro recóndito.
Por su portentosa inventiva, la capacidad de interrogar, cuestionar, la belleza al expandir una relación lúdica que liga lo habitual, lo irracional, al dar potente energía a imágenes en entramados de ideas, El reino… nos coloca abiertamente entre la certeza y la perplejidad para salvar la fe en el mejoramiento humano.
El discurso nos conduce de la mano hacia el disfrute mediante un dominio de la riqueza literaria, pues el texto, desde lo formal, se mueve en terrenos de la prosa poética, con voz muy personal cuyos matices tañen desde un lenguaje dotado de fantasía. Villavicencio usa las potencialidades de la lengua y provee el verso de varios revestimientos para continuar siendo, desde el párrafo, ofrecimiento, símbolo.

Demuestra cómo los malvados son castigados y la valía del triunfo de la libertad, el decoro, la justicia.
“El unicornio, sin fuerzas, / yacía moribundo en el espléndido césped. / El futuro de Rosita descansa a la espera/ de un genuino vencedor./ Con estas palabras/ se acabó el encanto/ que daría a la princesa/ un digno pretendiente.”
Múltiples fascinaciones produce este libro donde lo dicho, lo sobreentendido y la alusión estructuran un relato que anima las convicciones de ser mejores personas, leales, decididas, en beneficio del crecimiento propio y ajeno.























