No por casualidad, cuando chocan Industriales y Ciego de Ávila, los Leones entrenan aquí. / Pastor Batista
No por casualidad, cuando chocan Industriales y Ciego de Ávila, los Leones entrenan aquí. / Pastor Batista

Batazo de cuatro esquinas

Terreno adentro en el Paquito Espinosa

Segunda parte de ¿Hacia dónde vamos?


Para los moronenses es “cosa normal”. Para el visitante, raya en lo “asombroso”. El estadio de béisbol Paquito Espinosa es –ni más ni menos– una especie de tacita de oro ubicada allá, en un cálido remanso de la ciudad, donde, a decir de Isidoro Valero Hernández, hombre orquesta allí, “usted puede recibir un premio si encuentra una colilla de cigarro o un papel tirados en el suelo”.

La agradable impresión de pulcritud y orden salta a la pupila desde su exterior, a cuyo costado los propios directivos y trabajadores se las ingeniaron para dejar instalado un “muy saludable gimnasio biosaludable”, donde otrora se había acomodado un indeseable microvertedero de basura, con todos los peligros higiénicos, ambientales y el mal gusto que pueda imaginarse.

Pero el Paquito Espinosa no es solo fachada, imagen exterior, limpieza…

Si en él se pudieran jugar en cualquier momento del año partidos de la serie nacional, de la liga élite del béisbol cubano, u otros, es -porque terreno adentro- hay tela por donde batear.

Encargado ahora de las inversiones, mantenimiento y reparaciones (tras haber dedicado toda su vida al deporte, jubilarse y continuar en la pelea) Isidoro habla con satisfacción del giro que ha dado la instalación, comparado con el estado que presentaba siete años atrás.

Fe de ello dan los más de 25 camiones de escombros y desechos retirados de allí, la veintena de carros que trasladaron arena artificial y arcilla desde Chambas y Cienfuegos; cambio radical en el drenaje, reparación de la cerca perimetral y del área de entrenamiento de lanzadores, ampliación de la media luna y de la zona de seguridad, nuevo techo en la jaula de bateo, resarcimiento total del parqueo para bicicletas de los aficionados y de sillas en palcos bajos y altos, además de la cabina de transmisión.

Si a ello se suman acciones similares en gradas, pizarra, terrenito infantil, edificio socio-administrativo, conversión de un local gastronómico en comedor obrero y restaurante destinado a atletas, acolchonamiento del estadio… entonces resulta obvio que “se le ha tirado al asunto, y no en curvas”.

Ahí están las estadísticas. Más de cinco millones de pesos pisaron el pasado año las almohadillas del coliseo. El secreto está en ejecutarlos bien, con inteligencia, donde más falta hacen esos fondos y con apego a un estricto control.

¿Por qué no pueden estar, igualmente aptas, listas para cualquier evento, instalaciones similares en los demás municipios cubanos?

Tanto Isidoro, como Odalys Ortega Hernández, directora municipal del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), admiten que, a la par de los fondos propios del sector y de la correcta ejecución del presupuesto asignado, ha sido vital la sensibilidad del gobierno en Morón y de la provincia.

Rolando Valle de Posada, viceintendente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, expresó: “siempre nos parecerá poco cuanto podamos hacer por ese estadio, donde se han formado grandes figuras de nuestro deporte, que es un símbolo de la ciudad y orgullo de sus habitantes, ejemplo de sentido de pertenencia y de cómo utilizar bien cada centavo que se le asigna año tras año”.

Dos detalles y un justo anhelo

Elementos acerca de las razones por las cuales 10 de las 12 instalaciones deportivas moronenses están evaluadas de bien o por qué todas han sido reparadas o beneficiadas en los últimos tres años o por qué el Paquito Espinosa está siempre “limpio y pintadito”, pudiéramos ofrecer razones por batazos de cuatro esquinas.

Solo dejamos dos detalles, aparentemente insignificantes:

Cada día un hombre, cuyo nombre casi nadie recuerda, porque todos le llaman cariñosamente El Gago, deja más limpias que su propia casa las áreas de la instalación, incluido un pequeño jardín interior. ¿Cómo definir esa actitud?

Un tiempo atrás, en Ciego de Ávila bostezaba ocioso un tractorcito concebido para el mantenimiento a terrenos deportivos. En toda Cuba no aparecía una correa. Morón lo quiso, asimismo. Hoy justifica su razón de ser en el estadio. ¿Cómo se resolvió el problema? Con inteligencia y el poder de la pasión.

Todas las áreas permanecen impecablemente limpias. / Pastor Batista
Ayer un basurero aquí, hoy salud para la comunidad. / Pastor Batista

Finalmente, una consideración: Si no existe la menor duda de que los moronenses aman y cuidan su estadio; si en él puede jugarse –otra vez– a cualquier nivel, ¿por qué no se planifican en esa instalación algunos juegos de la serie nacional, como antes ocurría?

No es capricho ni antojo de la ciudad ni de su elegante Gallo. Es un justísimo reclamo. Es el derecho que les asiste a quienes cuidan y mantienen lo que otros no aman ni preservan igual.


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