Foto. / Jorge Luis Sánchez Rivera
Foto. / Jorge Luis Sánchez Rivera

¿Hacia dónde vamos?

Pretender ganar en la pelota a costa de pura guapería es como regresar al período Cretácico a sacarse un selfi con un tiranosaurio Rex. La garra importa y ojalá siga acompañando a los equipos cubanos por el mundo en cada evento internacional, pero el llamado béisbol moderno empieza en la tranquilidad de una oficina: sabermetría, analítica, exploración… En nuestro país la escasez de recursos, la crisis económica y el éxodo de atletas han ido marcando la diferencia. Los resultados en la escena foránea ya no son los de antaño. En cambio, los torneos en casa, desde las categorías de menores o las lides municipales hasta la Serie Nacional y la Liga Élite, siguen despertando pasiones. La pelota, declarada Patrimonio Cultural de la Nación, no ha muerto. Pero, ¿de cuántos años de vida estamos hablando? ¿Se podrá sostener económicamente? ¿Qué ocurre en la base? ¿Es igual en cada territorio? ¿Cuál es su futuro? ¿Estamos muy lejos del profesionalismo?

Por GIOVANNI MARTÍNEZ y PASTOR BATISTA


Cuando este equipo de BOHEMIA “tocó tierra” en Consolación del Sur, Pinar del Río, la primera bocanada de aire que inhalamos fue ciento por ciento beisbolera.

La gente del pueblo, a pesar de no tener corriente eléctrica desde el día anterior, bajó, cual desfile mañanero, por la popularmente conocida Calle Central para presenciar lo que tenía reservado en su inicio el Campeonato Municipal de las Pequeñas Ligas, categoría 11-12 años.

Se presentaron ocho combinados deportivos en la inauguración oficial en el Estadio 28 de enero. Por problemas de transportación, un noveno equipo no pudo llegar a tiempo. Y luego, otros  se desplazaron a pie tras la ceremonia –casi un kilómetro de camino– hacia el terreno del Juan Casanueva.

Conversamos con familiares de los niños de este combinado local.

Los pequeños en el Estadio 28 de Enero. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Lisandra Silva, madre soltera, acompaña a Yoelvis Márquez, un pequeño muy ágil que juega casi siempre los jardines y se ubica como primer madero en la tanda ofensiva. Le apodan La Regadera, porque conecta hacia cualquier banda. “El sacrificio es grande. Además de los gastos comunes de estos tiempos, que son muchos, hay que sumar lo que se invierte en implementos deportivos. Yo he tratado siempre que no le falte nada”.

La abuela de Lázaro Manuel Dago, jugador de cuadro del mismo seleccionado, se acercó. “Ojalá él logre lo que yo no pude: llegar al máximo nivel. Las necesidades son muchas, pero el sacrificio vale la pena. A veces hacemos una caldosa y una merienda para todos. Repartimos lo que tenemos por igual. Realmente hemos consolidado una gran familia», dijo Maidel de Armas, mientras recuerda con brillo en los ojos que practicó ciclismo.

El Estadio Juan Casanueva, segundo en importancia de Pinar del Río. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Ya cerca del mediodía, nos desplazamos hacia el Estadio Juan Casanueva, segundo en importancia a nivel provincial después del Capitán San Luis.

Hierba alta en la zona de los jardines y una malla en la grada detrás de home muy desgastada llaman la atención, para mal, de cualquiera que asome por allí.

“Todo fluye con el presupuesto del Estado. No alcanza. Necesitamos más recursos. Ahora mismo se rompió la chapeadora”, dijo Yusimí González, directora de la instalación desde hace poco más de un año.

“Gracias a los esfuerzos de los trabajadores hemos echado para adelante. Gestiones personales mías y de amistades han resuelto muchos problemas aquí. Pero algunas cosas se nos van de las manos”, explicó.

Así y todo, nada mató la pasión. Se vivió con total intensidad la pelota entre los niños.

El legado del béisbol pinareño, recordemos que ha sido 10 veces campeones en series nacionales, pareciera estar a salvo gracias a esos abnegados pequeñines.

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