La cosecha de viandas va destinada al auto consumo. / Jorge Luis Sánchez Rivera
La cosecha de viandas va destinada al auto consumo. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Días de más de 24 horas

Un joven campesino pinareño es presidente de una cooperativa, investigador, estudia el doctorado, e imparte clases como profesor en la universidad local. Su principal enemigo es la falta de tiempo


Foto. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Pedro Luis tiene como costumbre levantarse bien temprano. Eso es hábito de guajiros. Cuando demora un poquito más en la cama, le salta encima su perro Tairon, un pitbull de color café claro, con cara de pocos amigos, pero que realmente es como un niño juguetón, protegido y mimado por todos en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Benigno Acosta Santana. Allí Pedro Luis Mena Ampudia, es el presidente.

En la zona de San Vicente, los vecinos conocen desde pequeño a este muchacho de solo 40 años, quien a la vez es profesor del departamento de Economía Global y Sectorial de la Universidad de Pinar del Río (UPR). Paso a paso llegó a graduarse como Máster en Ciencias en Agroecología y Agricultura Sostenible.

Ahora él le reprocha al dios Cronos, que los días se hayan creado únicamente con 24 horas. “Es que son muy cortos para todo lo imprescindible en una jornada”, dice el pinareño.

Conversamos con él inicialmente en la UPR y luego en una pequeña oficina, muy cerca de donde nació y del lugar en el cual tienen las vegas su papá y los tíos. Trabajan juntos. Dedican más de tres hectáreas al tabaco, frijoles y viandas.

“Es importante destinar siempre momentos a los productores, escucharlos, orientar y aprender”, comenta. Las actividades como campesino, las vincula al proceso de formación doctoral y a la investigación.

“Hago lo posible por evitar que las actividades choquen unas con otras. Deben lograr una sinergia entre ellas”, argumenta el veguero y trata de tomar aire entre palabra y palabra. Hace un esfuerzo. Le acecha un ligero catarro, o esas alergias comunes en tiempos de frío.

Casi inseparables son Pedro Luis y Tairon, su mascota. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Pedro Luis primero se graduó de técnico medio en Agronomía en el Instituto Tranquilino Sandalio, luego cursó el Instituto Pedagógico, e impartió clases en la Educación Técnica y Profesional, antes de comenzar a estudiar Economía en la UPR. De las aulas iba periódicamente a los surcos. Ello le permitió relacionar el trabajo de diploma con otras actividades diarias.

“Te enamoras de tu bregar, de la gestión, cada mañana experimentas algo nuevo”, comenta el joven. Con ese mismo ímpetu integra un proyecto denominado: “Estrategia del trabajo comunitario, como herramienta de la gestión del gobierno en función del desarrollo local”.

Estas acciones hicieron más estrechos los vínculos del centro de estudios superiores, con la cooperativa donde labora y dos consejos populares: La Coloma y Celso Maraboto.

El aporte de los universitarios es esencial en el proyecto. / Jorge Luis Sánchez Rivera

Cuando habla de esos temas, es perceptible la pasión por ellos. Explica cómo uno de los ejes fundamentales es garantizar la producción de alimentos y la responsabilidad social empresarial de la CCS en beneficio de la comunidad.

“Conformamos agrosistemas, cada vez más resilientes a factores vinculados al cambio climático, mejoramiento de los suelos y la sostenibilidad en general”, acota. Y continúa: “La UPR me brindó importantes herramientas, durante mi formación en la Maestría y la matrícula en el doctorado de Ciencias Agrícolas, en líneas de investigación y producciones agrícola sostenibles.

“Ahora incursionamos en una estrategia encaminada a obtener tabaco tapado, la cual logra integrar diferentes componentes y generar acciones destinadas a garantizar un rubro exportable de calidad y alimentos”. Casi siempre Pedro Luis está rodeado de jóvenes, quienes son esenciales. Están muy vinculados a la CCS.

“Queremos impulsar la producción de aceite de girasol. De esa manera obtendremos nutrientes animales, mejoraremos los suelos y crearemos nuevas fuentes de empleo para muchos en la comunidad. Estamos en espera de la época óptima de siembra del girasol”, afirma este campesino inquieto, con ojos algo enrojecidos por el cansancio, o quizás debido a la alergia.

La CCS tiene 111 socios, cultivan tabaco tapado y sol ensartado, además de viandas, hortalizas y granos. Aunque cuando los visitamos, las tierras estaban en descanso, aguardando el momento óptimo de las plantaciones, ya les hacían algún laborío, con el fin de tenerlas listas para recibir las posturas de la aromática hoja verde, ideal en la obtención de capas destinadas a la exportación.

Los paneles solares son una alternativa ante los apagones. / Jorge Luis Sánchez Rivera

-¿Qué producciones alcanzan cada año?

-Anualmente llegamos a obtener 90 toneladas de tabaco tapado, más de 30 de la hoja al sol y 20 de cultivos varios, principalmente usadas para el autoabastecimiento.

-Vimos algunos tractores nuevos en los campos.

-Sí. Gracias a los actuales esquemas de financiamiento para quienes tributan a la exportación de bienes y servicios, los agropecuarios podemos adquirir algunos equipos e insumos, con el beneficio de la divisa adquirida. Hace dos años comenzó la distribución de tractores. De esa forma mejoramos y humanizamos las condiciones de trabajo.

“También, en los últimos meses inició la introducción de paneles solares, debido a la situación energética del país. Esos medios son beneficiosos en las viviendas de los socios. Hemos entregado un grupo importante y garantizamos la estabilidad de la energía eléctrica en los hogares. Tienen alta eficiencia y son una alternativa ante los molestos apagones”.

El laboreo constante es el secreto de buenas cosechas. / Jorge Luis Sánchez Rivera

-¿Ustedes fueron los primeros en la provincia en recibir directamente el combustible destinado a la campaña tabacalera?, preguntamos, convencidos de recibir una respuesta afirmativa, porque a un lado de la oficina estaba un enorme tanque repleto de diésel.

-Ese combustible responde a una táctica del Grupo Empresarial de TABACUBA, para acercarlo directamente a los productores y evitar pérdidas o desvíos. Invirtieron en la adquisición de pipas encargadas de la distribución. Comenzaron por esta CCS. Primero recibimos el 25 por ciento del combustible a emplear en la contienda.

Cuando terminamos el diálogo, recorrimos algunos sitios. Quienes nos llevaron daban por buenos los caminos, hasta que Jorge, el fotógrafo, y Carlos, el comunicador de la UPR, quedaron enlodazados en un pantano, en uno de los medios de transporte. Sin embargo, llegamos a la finca de Manuel Ampudia López, de 12 hectáreas, y enfrascado en el cultivo de boniatos, frijoles y las tierras de tabaco.

El paisaje de esa zona occidental encanta, enamora. Pájaros y bueyes campean por su voluntad y la brisa juega con penachos de palmas, erguidas como reinas de la campiña.

“Siempre es necesario sacar un tiempecito para la familia -dice Pedro Luis-, aunque los días sean tan cortos. Los fines de semana intento dedicarle algunas horas a mi viejo”.

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