Valiosos testimonios nutren el documental Todos los días son 8 de marzo, reciente puesta del Proyecto Palomas, Casa Productora de audiovisuales para el activismo social
Estremecedoras historias que cuentan 23 mujeres dejan constancia de diversas problemáticas, realidades, conflictos y, a la vez, demandan la urgente reparación para edificar una vida mejor. La espiritualidad se asume como forma de conciencia en provecho de los destinos del proyecto país.
El documental Todos los días son 8 de marzo, realizado por el Proyecto Palomas (Casa Productora de Audiovisuales para el Activismo Social) patentiza la necesidad del derecho al progreso, a la plenitud del ser y del hacer. Desde el lenguaje como expresión del pensamiento, las protagonistas despliegan una incisiva capacidad indagatoria de polifonía textual.

Al inicio, la identificación de las mujeres por su nombre denota un reconocimiento individual que se multiplica y fortalece según avanza el relato. Poco a poco, conocemos y reconocemos las respectivas procedencias sociales y profesionales, los llamados a reflexionar sobre el estrés de las madres cuidadoras, el silencio durante el procesamiento del dolor y la necesidad de decidir qué familias queremos formar.
Múltiples estados de ánimo fluyen mediante palabras, gestos, angustias, lágrimas que nutren la narrativa de notables densidades sociológicas y antropológicas. Incluso, activan desazones inmanentes producidas por la angustia y el valor, pues estos sentimientos impulsan la lucha sin vestigios de cansancio o pesadumbre.
El empleo creativo de la sintaxis cinematográfica y las diversas configuraciones enunciativas crean señales propicias para seguir meditando sobre nosotros mismos, el entorno, las soledades, las enfermedades, las amistades, el presente y el futuro.

Según Lizette Vila, directora de la puesta junto a Ingrid León y Sergio Cabrera: “Pensadoras e intelectuales de nuestra región han marcado el siglo XXI como el de las subjetividades, donde las historias de vida se tornan protagonistas de la narrativa de una nación, y ahí las mujeres somos las mejores para relatar desde lo íntimo, lo cotidiano y lo colectivo y de esta manera brindar participaciones reales a las políticas públicas y al necesario civismo que debemos recordar siempre, pues es el arte de la convivencia y la cultura del encuentro.
“Somos, por las vocaciones afines, servidoras y servidores públicos y debemos ser cauces de sensibilidad, empatía, ternura, que brotan al ser parte de la vida de las mujeres. Esto se resume en lo que la gran María Zambrano llamó ‘la metáfora de la luz’ (la razón, el pensamiento) para ‘ver con el corazón’ que constituye otra de las dos grandes formas del conocimiento desde el alma”.
Ciertamente, incomodan los sostenidos niveles de tensión en voces que comparten el dolor desde experiencias y diversos puntos de vista. La complicidad contra la violencia de género mantiene un activo protagonismo, pues coloca en la mira lo que no se suele ver. De hecho, una sinergia estrecha entre imágenes y palabras interrelacionan dramatúrgicamente la riqueza del lenguaje propositivo de múltiples mensajes. Lo patentizan en la dirección de fotografía Humberto Mayol, Claudio Garcés y Vladimir Zúñiga. Por su parte, los textos de Sara Más y Teresa Díaz y la voz de la actriz Lili Lam evidencian que es necesario profundizar en los viejos mitos para fundar una cultura de la equidad. Las formas de violencia machista impactan a nivel individual, en los imaginarios colectivos, hieren la dignidad al enmascarar hechos y aflicciones.

Todos los días son 8 de marzo exalta la estrategia integral de prevención y atención de la violencia de género en el escenario familiar, resulta espacio de reflexiones y análisis de problemáticas. No ofrece soluciones –tampoco le corresponde hacerlo al arte–, pero insiste en el cambio de los estilos de vida y el fomento de una cultura de paz en tanto socializa asuntos referidos al respeto a las capacidades diferentes y a la inclusión social.
Nunca lo olvidemos: los medios de comunicación son texto y contexto. El discurso mediático responde a las circunstancias donde se produce y circula. Con sensibilidad comprometida, el equipo del Proyecto Palomas dinamiza la labor de promoción comunicativa que privilegia el activismo social, el conocimiento generado a través de las investigaciones científicas, el aprendizaje y la indispensable superación para vivir mejor. Hablar por las voces de otras refuerza voluntades, la superación indispensable, dinamiza un proyecto en desarrollo y ratifica que el empoderamiento de las mujeres es un derecho.
CRÉDITOS
Fotos. / Humberto Mayol
























