Foto. / cubadebate.cu
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Cronología de una diáspora

La migración cubana ha experimentado diversas oleadas impulsadas por crisis económicas y políticas. Expertos advierten que este fenómeno, influenciado además por legislaciones estadounidenses, continuará en alza

Segunda parte de Adioses y retornos


Dicen que pasaban como quien daba un paseo vespertino bajo los rayos que le quedan al sol al final del día. En lugar de sombrillas, en sus hombros cargaban embarcaciones hechas de cualquier material lo suficientemente confiables para lanzarse a un viaje de 90 millas de mar.

Este forma parte de los relatos de quienes vivieron la década de los 90. Aunque han habido más impactantes –y hay documentales que lo reflejan–, no constituyen la única ruta de salida utilizada por los cubanos.

“Nuestro país, al igual que cualquier otro de la región latinoamericana, ha tenido flujo tanto de inmigrantes –hasta principios de 1930–, como de emigrantes –a partir de ese mismo año–”, afirmó a BOHEMIA el ensayista Antonio Aja, también director del Programa sobre latinos en Estados Unidos de la Casa de las Américas.

Llegaron muchos a territorio cubano después de terminada la Guerra de Independencia atraídos por el auge del desarrollo de la industria azucarera en la primera mitad del siglo, entre ellos, españoles, jamaicanos, haitianos, santalucenses y granadinos.

Tras la crisis del capitalismo en los años 30, estudiosos señalan el cambio a un saldo migratorio negativo, dado que Cuba había perdido su atractivo económico. Sin embargo, luego de la caída de Fulgencio Batista se produjo un notable regreso de individuos que se habían ido debido a conflictos políticos, aclaró Juan Carlos Alfonso Fraga, vicejefe de la ONEI.

I

Durante la Crisis de los Balseros los cubanos se lanzaron al mar con medios rústicos, distinto a lo ocurrido en la emigración de Camarioca y el Mariel. / Archivo de Bohemia

A partir de 1960, un mayor número de personas abandonaron el territorio nacional cuando se implementaron medidas económicas y sociales de carácter popular. De acuerdo con Aja, optaron por emigrar al ser desplazados de sus posiciones de poder político y económico a raíz del proceso revolucionario naciente y tomaron la decisión de no oponerse, sino apostar por los Estados Unidos. como destino.

Mientras, por el lado opuesto de la moneda, Washington identificó en este grupo la herramienta perfecta para tratar de revertir el proyecto socialista desde el exterior.

Aja en su obra La emigración cubana. Balance en el siglo XX aborda que después de la Crisis de Octubre las oportunidades de partir al país norteño quedaron prácticamente anuladas. Esta situación, junto a la manipulación política del gobierno estadounidense y las restricciones impuestas por el bloqueo, provocó las oleadas de Camarioca (1965), Mariel (1980) y los balseros (1994).

El éxodo por Boca de Camarioca, cuando el gobierno cubano permitió –durante 42 días– que los emigrantes recogieran a sus familiares en una pequeña localidad cerca de Varadero (Matanzas), marcó una nueva dinámica en la migración hacia el exterior, con protagonismo de los factores políticos.

Asimismo, el Mariel estuvo vinculado al deterioro de las relaciones entre ambas naciones. La nueva fase se caracterizó por la partida de sectores sociales formados en Cuba después de 1959, destacándose una mayor diversidad en el color de piel y la ausencia de clases altas, con una importante representación de profesionales, apuntó el ensayista.

Hacia 1990 Cuba enfrentó una severa situación económica con la desintegración de la Unión Soviética y del bloque de países socialistas europeos. Esa realidad, junto a varios elementos internos y externos, originó en 1994 la conocida Crisis de los Balseros que, aunque significativa, no logró igualar a la del Mariel.

La práctica de rechazar un elevado porcentaje de solicitudes de visas temporales por cubanos residentes en nuestro país ha sido constante a lo largo de los últimos 37 años, intensificándose a finales de la década de los 80. Entre 1990-1994 las denegaciones alcanzaron cifras de 40 por ciento, 60 por ciento y hasta 80 por ciento, complicando aún más el escenario migratorio.

En este contexto, resulta fundamental examinar la postura de los Estados Unidos, el principal receptor de emigrantes, que implementó disposiciones para favorecer el flujo irregular: el Programa de Refugiados Cubanos, la Ley de Ajuste Cubano, la política de “pies secos, pies mojados” y otros acuerdos firmados a finales del siglo XX.

El 28 de septiembre de 1965, Fidel Castro Ruz anunció que hasta el 10 de octubre de 1965, por la zona de Camarioca, tendrían permitido todos los exiliados recoger a sus familiares. / Archivo de Bohemia

La Ley de Ajuste Cubano, promulgada en 1966, otorga el estatus de “perseguido político” a cualquier cubano que arribe a suelo estadounidense, brindándole la posibilidad, inicialmente, de solicitar la residencia y, a la postre, la ciudadanía. La normativa permanece vigente y se han sumado, a lo largo de los años, el parole humanitario, la reunificación familiar y la conocida lotería de visas o bombo.

II

Quien observe las estadísticas de población de los últimos años notará que en el lapso 2013-2014 se aprecia una diferencia con los anteriores calendarios: un 0.3 y 0.2 de tasa de saldo migratorio por cada mil habitantes.

El porqué lo expone Juan Carlos Alfonso Fraga: “En todo el período revolucionario la migración hacia el exterior ha tenido distintas etapas, siempre con saldo negativo a excepción de ese tiempo donde hubo un cambio de legislación que permitía a las personas estar fuera sin perder su condición de residentes”.

Numerosos ciudadanos partieron, pero no se identificaban de migrantes hasta transcurridos 24 meses. La cifra cuenta con un respaldo legal y se fundamentó durante ese ciclo. “Para el 2015 se volvieron a registrar datos negativos”, comentó el analista de la ONEI.

A su vez Dacheri López considera que 2013 representa un nuevo parteaguas en la política migratoria, pues se eliminó el requisito de permiso de salida, una diferencia cualitativa sustancial en comparación con los estatutos precedentes.

A pesar de que una de las alternativas que fundamentalmente se emplean, para llegar a territorio estadounidense, es aprovechando la exención de visado de Nicaragua (a partir de 2021), según Dacheri no debería clasificarse de irregular ni regular; se le conoce como flujos mixtos. Es decir, las personas abandonan la nación de manera organizada y se movilizan desde un primer punto hacia su destino final o se establecen en lugares intermedios.

El profesor de Flacso advirtió además: “El tener más de dos millones de cubanos en esa región norteña sin duda influye. Aunque arribemos a un mejor estado económico, va a continuar la migración y la movilidad de manera natural”.

Versados en la materia concuerdan en la necesidad de abrazar a la diáspora; de ahí surge un proceso de actualización y aplicación de normativas relacionadas con la migración, la ciudadanía y extranjería.

Pese a la complejidad de los cambios, debido a la necesidad de transformar mentalidades y comportamientos arraigados por la posición defensiva del siglo pasado, el progreso legislativo se considera positivo al contemplar a los millones que han encontrado hogar cruzando las aguas del Caribe. Ellos también pertenecen a Cuba, un país no solo dibujado en las líneas de un mapa, sino presente en la memoria identitaria que nos une y entrelaza cuando afirmamos: “Soy de aquí”.

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